
Los tiempos cambian. Antes se buscaba elegir al mejor para la presidencia de la República, luego se buscó elegir al menos malo llamado mal menor; hace unos días me preguntaron cuál de los dos candidatos era el menos peligroso para el país. Eso se traduce en que un sector de la población asume las candidaturas como un peligro, a cuál mayor.
En esta elección existen, ciertamente, peligros encriptados. Empecemos por la constitución política del estado. Quienes dicen que la constitución no debe tocarse ni con el pétalo de una rosa presentaron desde el congreso de la República cerca de 400 proyectos de Ley para modificar la Constitución. De esas propuestas, la comisión de Constitución del Congreso, controlada por el fujimorismo, dio luz verde a 65 modificaciones que fueron aprobadas en el pleno.
Considerando que la Constitución peruana tiene 206 artículos, las modificaciones representan más del 30%. Muchos de los artículos fueron modificados para favorecer a los congresistas, como la reelección inmediata, la creación de una cámara de senadores, la prohibición para participar en elecciones a quienes tienen condenas por delitos graves o la permisibilidad a los congresistas para que participen como candidatos a gobernadores regionales o alcaldes.
Muchas de las modificaciones constitucionales afectan la estructura del estado que desde el congreso fueron cambiando a su antojo. Entonces, ¿Dónde está eso de defender la constitución del 93 incluso con la vida como dijo algún farsante? La constitución es defendible sólo cuando beneficia a quienes la defienden o a quienes pagan por debajo de la mesa. Los gritos de defensa son interés económico o demagogia solapada, grave peligro para el país.
Pretender mantener la actual realidad económica es otro peligro. Un modelo económico que luego de 35 años tiene al 60% de la población en la precariedad (30% de pobres y 30% vulnerables), definitivamente es un modelo que no funciona, tiene que reajustarse. Recordemos que Alberto Fujimori dejó la pobreza en 50%, lo que no ha cambiado mucho.
Cierto que es muy importante la estabilidad macroeconómica y la independencia del BCR, pero la política económica debe complementarse con una mirada interna realista: sin exoneraciones tributarias para los partidarios ni intangibilidad en los contratos de grosero favorecimiento privado. En diversos países del mundo los contratos Ley se revisan de manera periódica en función al interés público.
En lo social existe un peligro totalitario que pretende eliminar la independencia de poderes para mantenerlos aprisionados en un mismo puño, suprimiendo a la vez toda expresión social bajo el pretexto de “orden”. “Gobernar como lo hizo mi padre” también significa tratar de perpetuarse en el poder modificando la constitución o mediante interpretaciones auténticas que son peligro para la democracia.


