
La Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga (UNSCH) afronta una nueva escalada de tensión y descontento en su comunidad estudiantil. La acumulación de demandas insatisfechas, promesas incumplidas en mesas de diálogo previas y el visible deterioro de la infraestructura educativa han vuelto a situar a la tricentenaria casa de estudios en un escenario de inestabilidad institucional, donde sectores del alumnado señalan serias limitaciones en la capacidad resolutiva de sus máximas autoridades.
El detonante en Ciencias Sociales: Rechazo a la «leyenda urbana»
El malestar latente cobró mayor fuerza tras la difusión de un reciente y contundente pronunciamiento emitido este 28 de mayo por la Federación de Estudiantes de la UNSCH (FEC UNSCH), enfocado en la situación crítica de la Facultad de Ciencias Sociales. El documento surge como una respuesta directa a las polémicas declaraciones del decano de dicha facultad, Dr. Óscar Roque, quien habría calificado como una «leyenda urbana» las denuncias sobre el pésimo estado de los pabellones.
El estudiantado calificó estas expresiones como una muestra de «desconexión total» y un desprecio hacia los informes técnicos de entidades oficiales como Defensa Civil. Según denuncia la FEC UNSCH, la infraestructura ya registra daños estructurales históricos, tales como rajaduras evidentes y filtraciones de agua que devienen desde el año 2022, sin que se hayan implementado medidas correctivas eficaces.
Asimismo, el gremio estudiantil cuestionó severamente la instalación de aulas prefabricadas bajo presuntas condiciones de informalidad —alegando la falta de contratos, órdenes de servicio o licitaciones transparentes—, lo cual, afirman, expone la integridad física de alumnos y docentes. Ante ello, han exigido una evaluación técnica inmediata y han convocado a la comunidad universitaria a mantenerse en estado de movilización.
Antecedentes: Las tomas de local y la respuesta institucional
La actual crisis no es un hecho aislado, sino el síntoma de una problemática estructural de gobernabilidad que la UNSCH arrastra desde hace años. Para comprender la magnitud del conflicto, analistas y miembros de la comunidad universitaria recuerdan las drásticas medidas de fuerza —como la toma de locales del campus de la Ciudad Universitaria— registradas en periodos previos, de manera muy marcada durante la gestión del exrector Emilio Ramírez Roca.
Durante el mandato de Ramírez Roca, las tomas de locales se convirtieron en el principal mecanismo de presión estudiantil ante demandas similares: deficiencias en los servicios básicos (comedor universitario, transporte), falta de laboratorios equipados y la lentitud en la ejecución presupuestal. En aquellas oportunidades, la respuesta de la institución osciló entre la instalación de mesas de diálogo de urgencia y la firma de actas de compromiso que, al no ser ejecutadas de forma sostenible, terminaban quebrando la confianza de los estudiantes y reiniciando el ciclo de protesta.
En el centro de las críticas actuales se encuentra la gestión del actual rector de la UNSCH, Dr. Emilio Ramírez Roca. Sectores de la opinión pública local y de la propia universidad coinciden en que el panorama actual refleja un evidente incumplimiento de los compromisos asumidos por el rectorado tras las últimas paralizaciones.
El entrampamiento en la modernización de las facultades, la lentitud para resolver contingencias básicas y la aparente falta de liderazgo para anticiparse a los conflictos han generado una corriente de opinión interna que sostiene que la envergadura del cargo ha superado la capacidad de respuesta de la actual autoridad universitaria.
Con la Facultad de Ciencias Sociales en pie de lucha y el respaldo de la FEC UNSCH, el espectro de una nueva paralización total o toma de locales vuelve a sobrevolar la universidad de Huamanga. Corresponde ahora a la alta dirección emitir una respuesta técnica y política clara que vaya más allá de las promesas discursivas, a fin de garantizar la seguridad, la dignidad y la continuidad académica de sus más de 12 mil estudiantes.


