
El próximo Gobierno asumirá el reto de gestionar una economía que, tras alcanzar en 2025 un crecimiento de la inversión privada del 11.3 %, su cifra más alta desde 2012, requiere de garantías de predictibilidad para no perder el impulso. Este dinamismo ha sido el motor detrás de la mayor expansión del empleo formal en 13 años, evidenciando que el bienestar social depende directamente de la confianza empresarial. Al respecto, el economista Diego Macera, director del Instituto Peruano de Economía (IPE), enfatiza que la relación entre ambos factores es determinante: «Que la inversión privada haya crecido y que el empleo formal haya venido creciendo bien no coinciden mágicamente, hay una relación directa causal».
Para consolidar esta tendencia, resulta imperativo respetar los 1071 convenios de estabilidad jurídica que el país mantiene con inversionistas de 50 países, los cuales involucran montos por US$32,000 millones. Estos instrumentos, que tienen calidad de contratos con fuerza de ley, son esenciales para reducir la incertidumbre en proyectos de largo plazo. Cualquier intento de alterarlos enviaría una señal de alarma que ahuyentaría el capital. «Si alguien promete cambiar la regla de juego, poner impuestos, cambiar la regulación, estatizar, romper contratos, va a significar veneno para la inversión», advierte el economista Elmer Cuba, socio de Macroconsult.
Asimismo, el nuevo Ejecutivo debe enfrentar con urgencia el estancamiento de más de US$60,000 millones en proyectos mineros paralizados por trabas administrativas que duplican el promedio de espera mundial. La eliminación de esta «tramitología» es vital, dado que el sector minero es un contribuyente estratégico para el Estado. Por último, con finanzas públicas bajo presión y un margen fiscal estrecho, la inversión privada se presenta como el único medio para garantizar servicios básicos.
El IPE señala que esta inversión es la vía exclusiva para generar empleo sostenible y reducir la pobreza. En esa línea, Cuba explica que otro factor clave para la producción son los trabajadores y advierte que, si la inversión no avanza al ritmo que el crecimiento de la población, el capital por personas podría caer. “Y eso afecta a los salarios, la productividad y el futuro del Perú. O sea, no podemos darnos el lujo de parar la inversión privada, más bien tenemos que acelerarla», concluye Cuba.


