
El Perú se ha posicionado como el país con mejor reputación de América Latina, alcanzando el puesto 25 a nivel mundial según el reciente ranking de Repcore Nations. Esta evaluación consultó a ciudadanos y empresarios de las economías del G7, Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, quienes situaron a la nación por encima de otros gigantes regionales como Argentina, Brasil, Chile y México. Esta percepción favorable responde principalmente a fortalezas en áreas como la gastronomía, el turismo, la cultura y la estabilidad macroeconómica.
El prestigio internacional tiene un impacto directo en la economía nacional, ya que fortalece el atractivo del país para atraer capitales. Mónica Muñoz Nájar, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (Redes), destacó que un ascenso en este tipo de mediciones se traduce en beneficios económicos reales. Al respecto, señaló que «un punto más en este ranking se ha demostrado que incrementa turismo, incrementa inversión extranjera directa». Para la economista, esta imagen positiva del Perú funciona como un motor para la llegada de nuevos visitantes y proyectos de inversión.
Sin embargo, esta ventaja competitiva es frágil y podría deteriorarse si no se resuelven los problemas estructurales que afectan al país. Muñoz Nájar advirtió que factores como la inseguridad ciudadana, la corrupción y la inestabilidad política actúan como amenazas críticas para la sostenibilidad de esta buena imagen.
La economista fue enfática al precisar que «esa medalla no va a sobrevivir si es que seguimos con esta crisis institucional tan grande, la inestabilidad política, la corrupción, el tema de la inseguridad ciudadana». Para Muñoz Nájar, aunque la reputación actual abre puertas, mantenerlas así dependerá de que el país logre resolver sus problemas estructurales.


