La suerte está echada. Como demócratas debemos aceptar la nueva configuración política y reconocer que muchas cosas se hicieron mal desde el sector popular, mientras la derecha se mostró más sólida, más unida, aunque también más beligerante. Estas fiestas patrias marcarán un nuevo inicio para el país con la ratificación del modelo neoliberal implementado desordenadamente en los años 90.
Las consecuencias de ese desorden repercuten hasta el momento, fundamentalmente en la falta de controles que ha llevado al país a una corrupción desbocada, donde para cada licitación, por cada nueva obra de infraestructura, hay tarifas ilegales que corren debajo del río. Por cada operación en un hospital público o en Es Salud, hay un pago del paciente al médico principal, porque “no hay materiales” “no hay camas” o porque simplemente el cirujano está muy ocupado. Y como hay alguien que tiene esos materiales necesarios para la operación, y otro puede conseguir una cama, hay que pagar.
Cuando hay descontrol en las altas esferas y los gobernantes se reparten groseramente el presupuesto nacional, cada uno para su sector, sin planificación adecuada; entonces en los gobiernos sub nacionales ocurre lo mismo. Hay intercambio de favores con el presupuesto: Gobernadores y alcaldes llegan al ministerio de Economía o a la Presidencia del Consejo de Ministros, con regalitos y ofrecimientos para obtener una partida presupuestaria, luego de salido el presupuesto, gobernadores o alcaldes “se encargan” de su ejecución. Como hay un acuerdo de por medio, no hay control.
Por su parte, el congreso, ese poder del estado que constitucionalmente no tiene iniciativa de gasto, también participa de la repartija. En los últimos años, aprovechando que son ellos los que aprueban el presupuesto de la república, se asignaron un monto totalmente desproporcionado respecto al número de congresistas, cerca de mil ochocientos millones de soles para el 2026 que fueron aprovechando hasta el final de su legislatura con bonos, aumentos de sueldo y pagos extraordinarios.
Esa realidad tiene que cambiar. Se tiene que fortalecer los sistemas de control y a la vez quitar las manos congresales del presupuesto nacional que debería estar orientado a las reales necesidades del país profundo, a otorgar servicios básicos y seguridad, que son la razón de ser de todo gobierno.
Otra necesidad urgente, es cambiar la matriz productiva del país, no podemos seguir exportando materia prima, sin valor agregado; es necesario industrializar la producción. Una bolsita de papas procesadas, de cien gramos, cuesta tres veces lo que un kilo de papas en el campo, cuando no más. Y las toneladas de cobre, oro, plata que viajan del socavón a los barcos internacionales. El beneficio nacional es mínimo.
Para que haya cambios necesarios, el gobierno tiene que devolverle la autonomía a los poderes del estado y a las entidades constitucionalmente autónomas. Y fundamentalmente concertar, dejar la idea de que quienes no piensan como ellos son los enemigos, la discrepancia de ideas es necesaria para el desarrollo. Keiko Fujimori tiene que hacer un gobierno diferente al de su padre.



