
Las actividades se iniciaron con el Yarqa Aspiy en diversos puntos de Chihuire en donde los pobladores, provistos de lampas, limpiaron el canal que abastece de agua a sus campos de cultivo.
El primer danzaq mayor estuvo a cargo de Celso Garibay y su esposa Áurea Rojas, mientras que el segundo danzaq mayor recayó en Alicia Sánchez Suica y su hija Ana Rojas Sánchez.
La noche del viernes 21, se realizó el tradicional Qachu cañay (quema de pastizal) y la representación del arado tradicional andino, en la cual dos pobladores personificaron a una yunta de toros o bueyes que, unidos por un yugo de madera, arrastraban la taclla (herramienta agrícola) para abrir surcos, preparar la tierra y facilitar la siembra.
Durante la festividad, los danzantes de tijeras despliegan su arte al ritmo de melodías interpretadas en vivo por un arpista y un violinista, quienes marcan los distintos momentos y secuencias.
Igualmente, la población y los visitantes participaron con mucha fe en la misa y procesión de San Isidro Labrador; asimismo, apreciaron el espectáculo del Vaca Taky, un ritual y tradición musical ancestral del ámbito andino asociada a las fiestas ganaderas.
También se realizó el tradicional Huacctanacuy (palabra quechua que significa “golpearse” o “azotarse mutuamente”), un desafío en el que los danzantes de tijeras, junto a los arpistas, violinistas y capataces, compitieron azotándose durante dos o tres minutos.
Igualmente se realizó la competencia entre los danzantes de tijeras Apu Sonqo, de Aucará, y Apu Wamani, de Andamarca, quienes, ataviados con coloridos y elaborados trajes, demostrarán por qué esta es una de las danzas más desafiantes del Perú, reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.


