El espejo del 2021 [OPINIÓN]

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Ciertos políticos y periodistas, en mayoría de derecha, se preguntan cómo es que hemos llegado a las mismas condiciones electorales del año 2021, con un candidato antisistema versus la finalista de las últimas cuatro elecciones que se ubica en el extremo derecho.
Ciertos políticos y periodistas, en mayoría de derecha, se preguntan cómo es que hemos llegado a las mismas condiciones electorales del año 2021, con un candidato antisistema versus la finalista de las últimas cuatro elecciones que se ubica en el extremo derecho.

Por Raúl Vegas Morales

Ciertos políticos y periodistas, en mayoría de derecha, se preguntan cómo es que hemos llegado a las mismas condiciones electorales del año 2021, con un candidato antisistema versus la finalista de las últimas cuatro elecciones que se ubica en el extremo derecho.

Si se preocupasen por analizar las condiciones sociales del Perú en su integridad, no estarían tan asombrados. Lo que pasa es que seguimos siendo el mismo país fragmentado que ha parido el modelo económico de los 90, con castas privilegiadas que enriquecen con el crecimiento económico y un gran bolsón de marginados por el sistema que carecen de las condiciones mínimas para tener una vida digna.

El peor error es homogenizar el concepto de un país privilegiado cuando ese privilegio se queda en las cuentas de los agregados comerciales, de los exportadores de hidrocarburos, que no llegan al Perú profundo, de los que exportan con beneficios tributarios, mientras los que producen la riqueza tienen un salario de sobrevivencia.

Si preguntan por qué no sonríen las mayorías, la realidad de los servicios públicos les dará la respuesta. Desde la implementación del modelo económico, muy pocas mejoras para esas mayorías que empeoraron el año pandémico 2021, cuando se desnudó el país y fuimos conscientes la calamidad del sistema de salud y las condiciones educativas. Mientras las clínicas privadas viven una eterna primavera y los colegios privados de alta categoría, con infraestructura envidiable, ya no dictan clases en español.

Bien por ellos y por los que pueden pagar los privilegios. Pero por desgracia, no son las mayorías que tienen colegios sin servicios básicos, hospitales con escasa resolución, conectividad de trocha, niños que en época de frío mueren de pobreza.

Tenemos una realidad dicotómica. Los economistas neoliberales alagan el comportamiento de la macroeconomía y hasta le llaman el milagro peruano, síntoma de que las ganancias con privilegios tienen un aumento permanente mientras el goteo es cada vez más escaso.

Esa realidad tiene una respuesta en las elecciones donde los invisibles tienen la opción de reclamar solo cada cinco años y vuelcan su voluntad en el cambio del sistema; de este modelo económico que los mantiene en la pobreza por generaciones. Y en lugar de ver la realidad, los piratas de la política gritan ¡Fraude!, que se anulen las elecciones porque no es posible que el pueblo haya votado así. Y los más desquiciados piden un golpe de estado “democrático” como si eso pudiese existir. Esos sectores muestran que para ellos la democracia es válida solo cuando ganan, porque este Perú, tan lindo, no puede haber votado tan ingratamente en contra del sistema que está bajando la pobreza con su cuentagotas.

Asumamos la realidad, somos un país fragmentado que no ha aprendido a respetarse. Cuando comencemos a respetarnos, a respetar a los que piensan diferente, solo entonces, comenzará la democracia

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