
Félix Marcelino Gálvez Quispe tenía 14 años cuando comenzó a tallar piedra de Huamanga, un oficio que aprendió de su padre y al que ha dedicado cinco décadas de manera exclusiva. “Me dedico desde los 14 años, ya voy 50 años de dedicación exclusiva a la artesanía” sostuvo el artesano, quien llegó desde Vinchos a la ciudad de Ayacucho durante la época de la violencia política en busca de oportunidades laborales.
Su acercamiento a la artesanía comenzó en su propia familia, pues su padre elaboraba morteros y fue quien le enseñó las primeras técnicas para trabajar la piedra. Con el paso de los años, Gálvez fue perfeccionando sus técnicas y convirtió la artesanía en su principal actividad económica. “Mi padre hacía morteros. Poco a poco fui mejorando la técnica y me dediqué a la artesanía”, explicó Félix Gálvez.
Su trabajo lo ha llevado a diferentes departamentos del país y también a Brasil y Bolivia, donde ha difundido el arte elaborado en piedra de Huamanga. Asimismo, cuenta con reconocimientos de instituciones nacionales y del Congreso de la República.
A sus 64 años, Gálvez continúa atendiendo pedidos y trabajando en su taller, aunque reconoce que la artesanía no siempre representa una actividad rentable, destaca que le ha permitido sostenerse durante décadas y mantener vivo un oficio aprendido en su familia. Paralelamente, el deporte ocupa un lugar importante en su vida y considera que mantenerse activo le ha permitido continuar con su trabajo artesanal durante décadas.


